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11 jun 2008

Obra menor en un acto sin intermedio

Escenario

Interior de un autobús moderno (año 06). Está colocado a lo largo en paralelo a las gradas mirando hacia la derecha, ligéramente desplazado a la izquierda para realzar la acción que sucede en la parte delantera. Mirándolo de frente, se ven dos filas de asientos, de delante a atrás, por la derecha: 1 individual, 4 juntos (2 a 2 enfrentados), 1 individual, 1 individual, espacio abierto (parte media del autobús), 6 filas de 2 juntos hasta el final del vehículo. De delante a atrás, por la izquierda: 1 individual, 3 juntos (2 a 1 enfrentados; la pareja de asientos miran hacia delante), 2 juntos, 2 juntos, puerta de salida (parte media del autobús), 6 filas de 2 juntos hasta el final del vehículo.

Situación

El autobús está a medio ocupar. Los bancos de la zona posterior están todos ocupados, ya sea por una o dos personas. Los asientos individuales de la parte delantera están desocupados. Nuestros 4 protagonistas se encuentran en los asientos delanteros enfrentados, de la siguiente forma:

Señora 1 (en adelante, C1): parte izquierda, grupo de 3 asientos, asiento de pasillo que mira hacia delante.
Señora 2 (en adelante, C2): parte derecha, grupo de 4 asientos, asiento de pasillo que mira hacia delante.
Mujer 1 (en adelante, P): parte derecha, grupo de 4 asientos, asiento de ventana que mira hacia delante.
Chico 1 (en adelante, O): parte derecha, grupo de 4 asientos, asiento de pasillo que mira hacia atrás.

Actores

C1: mujer de edad madura, alrededor de los 50 años. De complexión ancha, sin llegar a la obesidad. Pelo largo hasta los hombros, rubio (indiferente). Rasgos suaves, que sugieren una personalidad distraida, como si prefiriera estar sumida en sus propias meditaciones antes que estar pendiente de aquello que la rodea. Amiga de C2.
C2: mujer de edad madura, también alrededor de los 50 años. De complexión ligeramente más ancha que su amiga C1, pero de nuevo sin llegar a la obesidad. Pelo más largo, castaño (indiferente). Gafas. Su cara tiene rasgos más duros, mostrando un carácter ligeramente agrio y severo. Amiga de C1.
P: mujer adulta, de unos 35 años. Complexión obesa. Pelo corto y castaño (indiferente). Mirada extraviada y nerviosa dirigida a la calle. Por algún motivo, da la sensación de estar desconectada del mundo en un sentido social, como si no supiera o pudiera encajar correctamente con el entorno.
O: hombre joven, de 25-30 años. Complexión ancha, pero menor que la de C1. Pelo corto, castaño, con manchas (indiferente). Gafas. Rasgos suaves, algo aniñados. Parece una persona bastante distraída, sensación que es reforzada por su mirada somnolienta.
Resto de viajeros: hombres y mujeres de distintas edades y formas físicas.
Conductor: hombre o mujer (indiferente) de edad adulta.

Acción

Primer (y único) acto

P se encuentra ya sentada en su asiento. El autobús hace una parada y sube O, quien nada más sentarse en el lugar especificado abre un libro. En el hilo sonoro del autobús esta sonando una cadena de radio, que en ese momento retransmite un partido de fútbol.

P: (dirigiéndose a O) 2-0 gana.
O: (sonríe a P a la vez que gestualmente dice "Pues vaya, me alegro").

Segundos después O se fija en que P está hablando por un móvil, y se da cuenta de que la anterior frase no iba dirigida a él.

Al cabo de unos minutos, el autobús hace otra parada, y C1 y C2 entran en escena, sentándose en sus asientos correspondientes. Hablan entre ellas de vez en cuando sobre cualquier asunto. Aprovechando una pausa en su conversación, P interviene.

P: ¿Sabéis quien es el capitán de la selección?
C2: Es X.
C1: Es X.
P: ¿Es X o Y?
C2: X, X.
P: Mira que bien, de mi equipo además, el B***.
C2: Nosotros es que somos del M***.
P: Es que encontrar gente por aquí del B***... claro, como estamos en M***...
C2: No tiene nada que ver, yo soy de B***.
P: Ah... yo es que soy de abajo, de muy abajo, de C***. Y es que mi jefe me acaba de llamar porque me ha pedido que vaya porque está muy liado, es que trabajo en un bar, el "Nombredebar", ¿Os suena? El caso es que está muy liado y me ha pedido que baje, y me acaba de llamar porque llego tarde, pero claro es que esto está atascadísimo, que en cuanto llueve...
C2: Claro, claro...
C1: Si, en cuanto llueve, todos en coche...

Siguen los tres la conversación. En principio, P deriva sobre cualquier tema, enlazando uno con otro con rapidez, sin dar tiempo a sus interlocutoras a interactuar apenas. C2, más que C1, responde de vez en cuando con algún comentario, o realiza algún asentimiento. Pasados 5 minutos, P dice que su parada es la siguiente, y se dirige a la puerta de la salida del autobús. Se hace, a partir de ese momento, un silencio general en la zona, no exento de cierta tensión. Finalmente, P se baja del autobús.

C2: Que imbécil.
C1: Tendría ganas de hablar.
O: (valiente y osadamente se concentra aún más en su libro).
C2: No paraba.
C1: Le debe de faltar algo, no se...
C2: Si, le debe de faltar algo...

Tras un par de minutos, C1 y C2 se bajan también del autobús. O deja de leer y mira por la ventana. Después de un par de paradas más, también él se apea.

Se apagan las luces y se hace el silencio.

Se corre el telón.

Fin.


Fuente: "Pequeñas historias chiripitifláuticas", As Pollok.

17 abr 2008

Síndrome

El síndrome de Eon fue identificado en 1897 por Robert E. Dennis tras observar el comportamiento de ciertos seres humanos en lo que se definió como "La prueba de verdad oculta", o "HTT" (acrónimo en inglés). La susodicha prueba consistía principalmente en situar a un número de personas (típicamente seis, dos de ellos "topos") en celdas contiguas, pero aisladas cada una ellas respecto al resto, de forma que si bien eran conscientes de la existencia de los demás, en ningún momento podían entablar comunicación (más allá de oir aquellos sonidos que se filtraban distorsionados por las paredes). En el suelo había dispuesta una pequeña malla por la que, a partir de un momento determinado, se hacía pasar una corriente eléctrica en pequeños intervalos (en absoluto dañina, simplemente molesta). En cuanto los sujetos comenzaban a quejarse se les indicaba que podían apretar un botón situado en la pared que detendría estas corrientes. Mediante la sincronización de los gritos de los topos se hacía creer a los sujetos que cada vez que ellos se quitaban su "ración" de electricidad ésta pasaba a algún otro "recluso". Los resultados que arrojaron las pruebas fueron, cuando menos, curiosos:

  • Un 28% dijo no ser consciente de que apretando el botón la corriente era pasada a algún compañero, si bien la mayor parte de éstos (un 68%) admitió haberlo pensado en algún momento.
  • Dentro del 72% que sí sabía (o creía saber) lo que sucedía, sólo un 12% se atrevió a preguntar que pasaba al apretar el botón. El 88% restante ignoró lo que pensaba, limitándose a pulsar el botón.

Esto hace un total de 91% de gente que no quiso creer/ignoró lo que sucedía.

A la luz de estos resultados, Dennis afirmó con rotundidad que "tendemos a ignorar toda aquella realidad que nos incomoda, ya sea de forma consciente, o inconsciente".

No obstante Edward Bludmann, al tiempo de oir las afirmaciones de su colega, dijo: "las pruebas realizadas no son ni mucho menos deterministas, y las respuestas obtenidas a los estímulos aplicados conducen más a la idea de la prioridad en la salvación propia, que al hecho de una ocultación automotivada de la realidad". Y si bien podría tener razón, y no es menos cierto que todo lo escrito hasta este punto no ha sido sino una pura patraña inventada por mi parte, no deja de ser cierto que, en muchas ocasiones, se elije una tranquilizadora mirada hacia otro lado, en vez de un vistazo cara a cara con la realidad.

Moraleja: si quieres preparar unas buenas lentejas, déjalas el día antes en remojo, para que se ablanden. Chimpúm.

13 feb 2008

Motivos para estar contento

Mucha gente se empeña en buscarle un motivo a la vida. Una razón oculta que nos haga tirar mejor en el dia a dia, algo asi como "eh, realmente estamos aqui porque el gran D quiere que seamos las herramientas de su obra y bla bla bla...", o quizás un "bueno, después de todo en cuanto la espichemos nos reencarnaremos, puede que en un tio forrado de pasta o puede que en un escarabajo, pero al menos será algo que se mueva". Independientemente de tus creencias que hayas "elegido" (la posibilidad de ser escarabajo te resta puntos, reencarnación), los hechos empíricos son que a dia de hoy nadie ha vuelto nunca de entre los muertos para decirnos que hay vida más allá de la muerte (de hecho si alguien lo hiciera tampoco le creeríamos, y al grito de "¡Zombie!" le arrancaríamos la cabeza). Esto significa que sólo podemos estar seguro de que tenemos una vida. Si sólo tenemos una vida creo que deberíamos plantearnos como queremos llevarla. No, no voy a empezar con toda esa mierda de "quiere a tu hermano y dale abrazos todo el dia". Quiero decir que en lineas generales deberíamos preguntarnos acerca de que esperamos de la vida, de cual nuestro "objetivo", por llamarlo de alguna forma.

De todas formas, soy consciente de que esto último es estúpido, ya que invariablemente habrá dos respuestas: "No se, ¿pagar la hipoteca?" y "Pues sentirme bien". Doy un voto de confianza a la humanidad y supongo que la respuesta elegida es la segunda. ¿Y como esperas conseguir esto? ¿Retoños que propaguen tu genética hasta más allá del espacio conocido? ¿Pasta para poder hacerte un retrete de oro? ¿Fama suficiente como para que ahogarte en tu propia pota después de un chute animal sea algo destacable en las noticias del mediodia? Lo que sea. Lo que queremos es ser felices, y hacer lo que haga falta para conseguir este fin.

Ahora, a veces se da el caso de que perdemos el rumbo, y nos dejamos llevar por corrientes que nada tienen que ver con nuestro cauce deseado. En el mundo laboral, sin ir más lejos, es facil perder la perspectiva de las cosas, con el riesgo de quedar absorvidos por "el sistema". Si os diesen a elegir entre un curro de 20k € (la k es de kilo, mil, animales) de 9 (AM) a 6 (PM) u otro de 35k € de 9 (AM, de nuevo) a 9 (si, PM), ¿que elegiríais?

La segunda oferta es realmente jugosa, ¿eh? Pensad en la cantidad de cosas que podríais tener... una casa más grande, una tele más grande, un sofa más grande, incluso una polla más grande (o eso dicen muchos emails que me llegan todas las mañanas). Por no hablar de los viajes, las cenas, los regalos y auto-regalos... Y, total, ¿que piden a cambio? Simplemente, tu tiempo de lunes a viernes. Olvidate de hacer nada entre semana que no sea trabajar, aportar a tu cuerpo los nutrientes necesarios para aguantar las próximas horas y dormir lo suficiente para llegar al fin de semana. Pero estarías forrado. Y qué. ¿Te va a hacer más feliz tener dinero pero no tener vida? Lo dudo. Lo único que vas a conseguir es quedar enganchado en la vieja rueda dentada de la ambición: querer más dinero para tener más dinero e ir a por más dinero. Es cojonudo, estás tirando tu vida al retrete pero, oye, te puedes comprar esos muebles que tanto ansiabas. Me mata la felicidad de sólo pensarlo. Poco a poco, se va olvidando qué era lo que esperábamos de la vida, hasta que acabas convertido en un auténtico muerto viviente.

Mi querida chusma, se que estoy siendo repulsivamente ñoño, que este post parece haberlo escrito un niño de 15 años y que me estoy enrollando con un sadismo tal que ni el mismísimo Marqués de Sade (si, joder, la comparación es una mierda, pero decidme algún otro sádico ilustre), pero permitidme terminar con una conclusión que todos sabemos, pero que muchas veces no recordamos: esta vida es la única que tenemos y al final, de lo que se trata, es de vivirla lo mejor posible. Dejaos de mierdas, que la vida son dos dias.

18 ene 2008

Baúl de mago

¿Nunca os ha pasado que de repente os dais cuenta de que algo que veíais de una forma, realmente quería expresar otra? Es decir, me refiero a si alguna vez os habeis dado cuenta de que no estais cogiendo todo el trasfondo del asunto. Como cuando alguien os hace la pelota porque quiere algo, pero vosotros, confiados e ignorantes de la vida, pensais que realmente os valora.

Pues eso mismo es lo que siento muy a menudo. Que me pierdo algo. Algo se me escapa cual pastilla de jabón se le escapa a un recluso del ala este en el momento de la ducha comunal (bueno, no, el ejemplo no es válido, a este pilluelete el jabón se le va por otra razón, pero vamos, se entiende, ¿no?).

El caso es que intento con todas mis fuerzas captar el trasfondo de lo que me rodea. Y no estoy hablando ya de política (donde no es que capte poco, es que capto negativo), sino de todos los campos posibles. Por ejemplo, cuando escucho una canción, me gusta sentir no sólo la música, sino también lo que la letra me quiere transmitir, saber por lo que pasaba el autor cuando la escribía (que bien puede ser un momento de delirio inducido por, quizás, alguna droga poco legal, la felicidad de un hijo recién nacido, o, más habitualmente, la necesidad de llenar un disco de canciones para poder comer).

No obstante, entender lo que sucede a tu alrededor e interpretarlo no es algo tan facil como parece, y no basta con ver el telediario, o leer el análisis de la última película vista. Hay que ejercitar bastante eso que llevamos entre los hombros. No, no os dediqueis a sacar pectorales, me refiero a la cabeza (vale, vale, chiste malo de cojones, pero es que estaba a huevo...). Y encima hay que hacerlo a menudo. Y además nunca es facil (aunque digan que cada vez cuesta menos, es mentira, siempre cuesta, no os dejeis engañar). Y lo peor, es que esto no te hace más feliz. Antes bien, lo más probable es que te convierta en un amargado todavía peor de lo que ya eres (y si no lo eres, ¿a que esperas?, ¡todo un mundo de diversión te espera!). Pero, bueno, hay que hacerse una pregunta: ¿mejor ser feliz ignorando la verdad de lo que te rodea ("la felicidad de los niños"), o bien asumir que en ocasiones hay un fondo "oculto" que no se presenta tal y como es, y que, de vez en cuando, está bien eso de saber que quizás todo no es tan bonito como lo pintan?

Y es que es muy frustrante vivir rodeado de información, y no saber interpretarla. Quien sabe, quizás algún dia lo consiga. Malditas mañanas frias.