Aplastó el cigarillo contra el cenicero, exhalando lentamente los últimos restos de humo blanco. Se sentía, de repente, muy cansado.
- ¿Dijo algo en su favor?
- Que no podía evitarlo. Que no era su culpa y que no hacía daño a nadie. Esa mierda.
Se llevó las manos a la cabeza... Últimamente el mundo parecía girar demasiado deprisa para él. No entendía las reglas por las que la gente se regía. Él era de la vieja escuela. Vieja escuela, viejos delitos. Este caso, le venía grande.
- No lo entiendo, simplemente, no lo entiendo. Un hombre aparentemente normal, con una vida aparentemente normal y unos gustos aparentemente normales. Un día, algo cambia, algo se rompe en su interior...
Con destreza adquirida con los años, cogió un par de vasos pequeños de un armario cercano, y sirvió en ellos un poco de su "jugo de robles" personal.
- Según él mismo declaró, acababa de dejar a su novia en su casa, cuando vió a un pequeño gato abandonado en la calle. Disfrazando sus obscuras intenciones de nobles motivos, invitó al animal a subir al vehículo, quien confiado e inocente, acabó cediendo. En el viaje devuelta a casa fue maquinando su pequeño "juego". Cuando llegaron a casa, el sospechoso le suministró un plato repleto de leche a la desfacellida víctima...
- Increíble...
- Según creemos, pudo incluso haberlo vuelto a llenar una vez fue terminado por el gato... A continuación, tal como había planeado, dejó que la noche, la leche, y el gato maceraran juntos. A la mañana siguiente, volvió a meter al desprotegido animal en el coche. Éste, debido a los ya duros problemas intestinales, se movió inquieto por el interior del vehículo, intentándo alertar a su conductor de que no podría aguantar mucho más...
- He oído que el sujeto llegó a ponerle el pie encima en algún momento para evitar que se moviera.
- No está confirmado. Lo que sí sabemos es lo que sucedió a continuación. El pobre animal, totalmente incapaz de seguir conteniendo el tormento intestinal que le sacudía, se situó sobre el salpicadero en un último intento de llamar la atención y, finalmente...
- Dios, no lo diga...
- ... digamos decoró el vehículo con una cascada tropical.
- Joder...
- Cuando encontramos al detenido, acababa de lanzar por la ventana del vehículo en marcha al animal, quien se quedó al lado de la carretera maullando sólo y desnutrido...
- Monstruo...
- La sonrisa de satisfacción aún le dura.
- Increíble...
Vació de un trago el contenido del vaso. Se quedó mirando al vacío unos instantes, perdido quizás en otros tiempos. Tiempos más sencillos, más fáciles, más suyos. Con un asentimiento de cabeza, musitó un "enciérrelo", y despidió al agente. Una vez hubo cerrado la puerta, se bebió el contenido del segundo vaso.
22 nov 2008
Crueldad
19 nov 2008
Frío
Me ha encontrado. Si estás leyendo esto, es porque me ha encontrado. Lo siento. Te dije que lo evitaría. Te dije que podría con él. Siento haberme equivocado.
Recuerdo cuando te decía que no me asustaba, que eso no era más que una exageración, dicha para asustar más que para prevenir. Recuerdo haberme reído al decirlo, seguro de mi mismo. Recuerdo... recuerdo tu cara de preocupación, intentando creer mis palabras, esforzándose en esbozar una sonrisa. Demasiadas dudas para sonreir, sin embargo. Pero elegiste creerme. Y yo, podría decirse, elegí fallarte.
No pretendo justificarme. ¿Cómo podría? No, impensable... Sin embargo, sí quiero alertarte. Porque, después de todo, aún puede estar aquí. Puede que no le veas. Puede que no haya ningún indicio de que merodea cerca. Quizás no vuelvas a oir hablar de él en años. Pero siempre, siempre, estará al acecho.
Sólo recuerda, el frío le delata. Cuando algún dia el frío entre en tus noches, en tus mañanas, en tus tardes, sabrás que ha vuelto. Y sabrás, espero, lo que tienes que hacer. No cometas el mismo error que yo.
Lo siento.
7 nov 2008
Mal augurio
Estoy temiendo que algún dia me digan esto...
PD: gracias por el aviso de que el enlace de Dilbert no rula, Mr K. En cuanto pueda le echo un ojete.
1 nov 2008
Alguien debería hacerlo
- Se llama Berni. Y ofrezco cinco mil dólares americanos en billetes pequeños, no consecutivos y sin marcar a cambio de que me traiga su pellejo.
- Entiendo... pero... sabe que su petición es un tanto...
- Extraña. Sí, me hago cargo. ¿Podrá hacerlo?
- Bien, supongo que si... ¿Y si no lo encuentro...?
- Suba en la escala. Busque al hombre de la idea. Y encárguese de que no vuelva a tener más.
- Comprendo, comprendo... Y dígame, si no es indiscrección... ¿Porqué?
- ¿Porqué...? Por que alguien debe acabar con esto, por el bien de todos.
31 oct 2008
- Sin título -
"Quizá la vida sea eso, y una respire, camine, se mueva sólo para un día mirar atrás y verse allí. Para reconocerse en las sucesivas muertes propias y ajenas a las que te condena cada uno de tus pasos." - Teresa Mendoza (La Reina del Sur, A. Perez-Reverte).
17 sept 2008
Enfrentamientos
Hacía tiempo que esto se veía venir. Eran muchos años de diferencias entre ambos sistemas y, como ya dijo Christopher Lambert, sólo puede quedar uno. Lamentablemente, de nuevo la violencia es el método elegido para solucionar el conflicto. Diversos medios (El Pais, El mundo) se han hecho eco de la noticia. Como no, la prensa y su morbosa fascinación por los excesos violentos. Sinceramente, es una pena que en una sociedad como la que vivimos no encontremos más a menudo una forma más constructiva de resolver los problemas. Cierto es que el ser humano ha ido evolucionando poco a poco desde los albores de su creación, definiendo un sistema de leyes para evitar que cada cual pueda tomarse la justicia por su mano, pero como todos sabemos, cuando las cosas se desmadran, la ley queda en papel mojado. Una pena, como digo, y más aún, una decepción. En fin, os dejo con una imagen de la susodicha pelea.
29 jul 2008
Pat
Satisfecha con la respuesta, se fue con paso firme. Me quedé un rato meditando aquel asunto. Algo en todo aquello me olía mal. ¿Qué había dicho acerca de una maldición? Y eso de que la necesitaba para un ser querido... Eché un último trago a la cerveza y me dirigí a la barra.
- Oye Joe, ¿puedo usar tu teléfono un momento?
- ¿Vas a pagar las jarras?
- Joder Joe, ¿por quien me tomas? ¿Quien te has creído que soy? ¡Parece mentira, llevo años viniendo a tu tugurio de mala muerte, soy posiblemente tu cliente más fiel!
- Si, y también el más gorrón, ¿vas a pagarlas o no?
- ¡Claro que voy a pagarlas! ... Pero ahora mismo me viene mal, me dejé todo el dinero en casa...
- Oh, no me jodas... Eso mismo me dijiste ayer y antes de ayer, deberías mirarte esa mala memoria, Phil.
- Vamos, apúntamelo en la cuenta, sabes que te lo pagaré...
- Maldito bastardo...
- ¿Puedo usar entonces tu teléfono?
- ¿Para que coño lo preguntas si lo vas a hacer de todas formas?
- Soy un tipo educado.
- Que te jodan.
- Gracias Joe.
Descolgué el teléfono y le indique a la anodina voz de la teleoperadora que me pusiera con Patrick O'Connor.
- Comunica, señor. ¿Desea que lo vuelva a intentar?
Aaah, maldito borracho. Debe estar otra vez en el Hotel.
- No, ¿podría mejor ponerme en contacto con la comisaria de la calle Kinning?
- Enseguida, señor.
- Muchas gracias.
Tras un par de tonos una voz ronca me indicó que hablaba con la comisaria.
- Buenas tardes, ¿podría hablar con Patrick?
- ¿Qué Patrick?
- Patrick "El Habitual".
- Oh, ya. Si, espere un momento.
Se oyeron de fondo varias órdenes ladradas, y un rato después un ruido me indicó que el teléfono pasaba de manos.
- ¿Diga? -Dijo una voz quejumbrosa al otro lado.
- ¿Te he despertado, Pat?
- Oooh, me temo que si Phil... Argh, que dolor de cabeza...
- ¿Qué tal te tratan?
- Oh, bien, bien, ya sabes. Hoy no está el teniente y está la cosa muy tranquila. ¿Sabes que Susan ha traído pastelillos? Es su cumpleaños.
- ¡No! Y yo me lo estoy perdiendo. Felicítala de mi parte.
Oí como Patrick gritaba algo, y como un murmullo ininteligible respondía desde otra parte.
- Dice que gracias, y que te pases por aquí luego.
- Lo veo complicado, Pat. Tengo un trabajillo entre manos.
- ¡No fastidies!
- Si, por fin, por eso mismo te llamaba, pero veo que no vas a estar disponible...
- No, hasta dentro de una semana, nada.
- Mierda, justo. En fin. Oye, ¿no sabrás nada de una maldición verde?
- Maldición verde, maldición verde... Dime algo más, ¿tu sabes la cantidad de maldiciones que existen?
- Veamos, no se, puede estar relacionada con una esmeralda.
- Ah, ya, no digas más. La Maldición Verde, si. Si es a la que creo que te refieres, es una vieja historia africana. Verás, se dice que hace unos cientos de años en el corazón de África, unos viejos y poderosos chamanes consiguieron atar a una esmeralda especial ciertos poderes infernales.
- Joder Pat, ¿ya estás desvariando?
- Déjame terminar, ¿quieres? Por donde iba... Ah, si, como te decía, ataron unos poderes infernales. El caso es que todos estos viejos querían la esmeralda para si. Ya sabes, el tema de tener poder y todas esas tonterías, así que acabaron matándose unos a otros de las más diversas formas.
- ¿Y que coño tiene que ver la Maldición Verde con todo esto?
- Maldita sea Phil, ten un poco de paciencia. Resulta que no todos murieron, sino que finalmente uno consiguió hacerse con la piedra maldita. Se dedicó a ir de pueblo en pueblo exigiendo a la gente que le diera todas sus riquezas y sus vírgenes y todo ese tipo de cosas que suelen pedir los viejos chamanes medio chiflados.
- Ajá, ajá.
- El caso es que cuando alguien ponía objeciones, comenzaba a sentirse enfermo, y al cabo de pocos días moría entre grandes dolores, desangrado.
- ¿Y porque se llama verde entonces, por la esmeralda?
- Pues parece ser.
- Fascinante.
- Sin duda. ¿Por qué te interesas ahora por ella?
- No repitas nada de lo que te voy a decir ahora, pero mi próximo trabajo tiene que ver con una esmeralda, y quien me contrata mencionó la Maldición Verde. - Susurré con aire misterioso.
- Oh, vamos, Phil, sólo es una leyenda, no te lo irás a creer.
- ¡Claro que no, sólo tenía curiosidad! Bueno, en cualquier caso tengo que ir colgando, tengo cosas que hacer.
- Claro, claro. Oye, no tendrás por curiosidad 2 dólares por ahí, ¿verdad?
- Me temo que no.
- Bueno, qué se le va a hacer. ¡Buena suerte, Phil!
- Gracias, Pat. Nos vemos.
Después de hablar con Patrick me sentía algo inquieto. Por supuesto, no iba a tragarme toda aquella historia de chamanes y poderes, pero, quieras que no, tampoco daba gusto oír hablar de maldiciones y desangramientos. Alejando todos aquellos pensamientos de mi cabeza, salí del bar, aprovechando que Joe estaba atendiendo a otro cliente.
